We Met With the Adoption Agency

My Perfect Breakdown

As promised to so many of you in my last post on adoption, here is the update on our first meeting with the adoption agency.

The meeting allowed us to clearly outline the basic steps to adoption that we will need to complete:

  • Step 1 – Meet with an adoption agency for an introductory information session.
  • Step 2/3/4* – Attend mandatory adoption weekend seminar on either domestic open adoption or international adoption or both.
  • Step 2/3/4 – Choose type of adoption – domestic open or international
  • Step 2/3/4 – Decide if adoption is a viable option for us
  • Step 4 – Initiate adoption application process – house visits, paper work, medical checks, etc.

(*Note that steps 2/3/4 can occur in any order).

Where are we in the process?

We now have officially completed step 1.

We have no idea when or if we will take step 2, 3 or…

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They have a right to know

I still cannot believe that 3 years have already gone by. It seems as if it were only yesterday that my husband and I held our daughters for the first time and instantly became a family. Everything is so clear in my heart that I can barely call it a memory; it is just another heartbeat that has passed. And yet, here we are facing a new year of life and with it the challenge that has driven me to write this post. The time has come for us to deepen the conversation about our beautiful family’s birth story. It is time to talk straight forth about the gift of adoption.

Don’t get me wrong, ever since our daughters arrived to our home we have spoken openly about adoption and how they are the greatest gift God has blessed us with. But even though they just turned 3, in my heart I know they are ready to begin understanding why mommy says they were not born in her tummy but in her heart.

You see, I do not want society’s misconceptions to tell our daughters that they’re unwanted children, because they WERE NOT AND ARE NOT. I do not want ignorance and prejudice to teach our daughters that we are not their “real parents” or that they do not have a “real home”. I do not want cruelty and frustration to tell them that we are considered less their parents because we did not give birth to them or that they are less our daughters because they do not share our DNA. I forbid shame to walk around the hallways of my home whispering to our children that they were placed in adoption because there was something wrong with them, or worse, that their conception and birth were a mistake. I refuse to allow confusion, mockery, and rebellion attempt to destroy what prayer, longing, passion, and faith so bravely won.

I want our daughters to know that love was the connection that brought us together. That we had been looking for them and praying for them even before knowing that 10 years later we would get to hold them and never let them go. I want our daughters to know that their birthmother, even though we do not know who she is, loved them so much that she made the selfless decision of taking care of them, not by “giving them up”, but by providing the opportunity to thrive in life. I want our daughters to know that they have completed our family and they are so deeply loved.

So it is time to tell them that the bond we share is greater than biology, because when biology failed in my body, faith and love were still holding on to a heavenly promise. They have a right to know that the people who surround them prayed for them and longed for them as passionately as we did. They have a right to know that ADOPTION is neither a sin nor an act of desperation. They have the right to know that they were not an accident, they were not a coincidence, they were not an easy way out…they were the daughters God designed and matched for us. Their identities will always lie around that truth…our adoption story is a story of divine love.

So we have decided to buy children literature related to adoption. For now, we will start by reading to them I Wished for You by Marianne Richmond, Guess How Much I Love You by Sam McBratney, and A Mother for Choco by Keiko Kasza (Spanish edition).

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We will put up a memory wall in our halls. We will begin discussing with our church leaders and teachers about ways in which we can reshape the way adoption has been addressed. We will propose ideas, share experiences… and depend on our loved ones to share the REAL story. We will kindly ask our friends and family to never hold back in sharing the journey all of us enrolled so that we could become a family. And we ask of you, dearest reader to help not only my family, but every adoptive family by readdressing the way you talk about adoption to your family…bottom line, we are all homes wishing to give and receive love.

Deseamos adoptar, pero ¿cómo empezamos?

El sábado, 17 de noviembre de 2012 celebramos el Día Nacional de la Adopción. Demás está decirles que nuestro hogar estuvo de fiesta conmemorando lo hermoso que ha sido el regalo de nuestras hijas. Confiamos en Dios que prontamente mayor cantidad de familias se unirán en esta celebración anual.

Nuestra última entrada en el “blog” fue orientada a generar una conversación sincera y genuina sobre las motivaciones que les llevan a la adopción y si en realidad es el camino que ambos desean caminar. Aunque no hayan tomado una determinación formal, es nuestro deseo compartir con ustedes cuáles son los pasos a seguir y qué pueden esperar en la primera etapa del proceso de adopción.

1. Orientarse sobre la Ley de Adopción – Actualmente se encuentra en vigor la Ley Núm. 186 llamada Ley de Reforma Integral de Procedimientos de Adopción del 2009 y las enmiendas realizadas a la misma a través de la Ley Núm. 247 del añ0 2011. Es importante que la lean y se familiaricen con los conceptos que exponen. En estas leyes se establecen los pasos a realizar y muchas dudas sobre los procesos mismos de adopción son aclarados. Les incluimos los enlaces:

2. Realizar el Estudio Social – El estudio social es el proceso de entrevista y recopilación de información que determina si son una pareja elegible o no para ser hogar pre-adoptivo. Este paso es el más importante de todos y el que más procesos internos requiere. Cada agencia de adopción tiene su propio protocolo y las gestiones realizadas responderán según lo que les indiquen. En nuestra experiencia, la información fue bastante consistente, salvo algunos detalles. Un estudio para un hogar pre-adoptivo no es lo mismo a un estudio para ser hogar sustituto.¡Por favor no cometa ese error!

Departamento de la Familia – es importante enfatizar que los trámites que se realicen con el D.F. son utilizados únicamente para las gestiones de adopción con el D.F. Quiere decir que aquellos estudios sociales que se realicen a través de ellos no pueden ser utilizados para gestiones con otras agencias. Guarden copia de todos los documentos que tengan que proveer. Hagan un portafolio con fecha. Créanme, saber esto de antemano les librará de un dolor de cabeza. ¡Mi esposo y yo sufrimos el dolor de cabeza! Se deben contactar con la línea de adopción 787-523-2323 y se les orienta sobre los pasos a tomar.

  •  Nuestra experiencia fue que nos citaron para una reunión de orientación y en dicha reunión nos dieron una lista con todos los documentos necesarios para abrir un expediente de solicitud. Entre esos documentos se encuentran: Certificado de Matrimonio original, Certificados de Nacimiento originales, Certificados de Antecedentes Penales, evaluación médica (se entrega una lista de los laboratorios específicos a realizar), verificaciones de empleo, foto familiar, cartas de recomendación, etc.
  • Una vez se entreguen todos los documentos el D.F. comienza con el protocolo del estudio social como tal: Se les asigna un Trabajador Social que les llamará para entrevistarlos en su hogar. Ese día se verificará la residencia, la ubicación de donde viven, se corrobora toda la información brindada en los papeles y se les hace una entrevista a ustedes por separado y en conjunto. Tal como les mencionamos en la entrada del “blog” pasada, prepárense para que les pregunten TODO. Posterior a eso se toma la información de las personas que les redactaron las cartas de recomendación y el Trabajador Social hace gestiones para entrevistar a los colaterales (jefes, vecinos, familiares, etc.). Este proceso está supuesto a durar hasta un máximo de 30 días.
  • Al cabo de los 30 días se supone que el Trabajador Social se esté comunicando para compartir los resultados del estudio social y si formalmente estarán pasando sus datos el REVA (Registro Estatal Voluntario de Adopción de Puerto Rico). De igual forma se les debe enviar una notificación por escrito con esa información.

 Agencias de Adopción – las agencias privadas de adopción en Puerto Rico tienen más o menos los mismos procesos. Lo único que diferencia es el tiempo en el que dura el proceso completo de cualificar como hogar pre-adoptivo (puede ser un poco más corto) y otros documentos que puedan solicitar. Si desean hacer adopciones domésticas en Estados Unidos o  internacionales, hay otra gama de requisitos que son necesarios. Por ejemplo, una de las agencias con las que trabajamos nos solicitó redactar una biografía a cada uno y otra agencia nos solicitó un álbum familiar que contara nuestra historia de pareja y las personas que pasarían a ser la familia  del niño (a) y fotos del hogar. Ahora, es importante mencionar que a diferencia del D.F., los estudios sociales privados sí conllevan un costo. Muchos fluctúan entre los $800 y pueden llegar a los $3,000.

3. Seguimiento y espera – Una vez realizado el estudio social y de hogar corresponde algo que resultará  trabajoso y demandará mucha paciencia de su parte: mantener sus documentos al día y ESPERAR. Insistimos que realicen un portafolio con todos sus documentos y que los hagan por fecha. De esta manera se les hará más fácil saber qué tipo de documentos caducan mensualmente, cada tres meses y anualmente. Nadie los llamará para decirles que su Certificado de Antecedentes Penales venció, se espera que ustedes muestren su continuo interés en adoptar manteniendo su expediente al día. El tiempo de espera de cada pareja dependerá de muchas cosas: edad del niño o niña que han tomado en consideración, si especificaron género, si están abiertos a recibir grupos de hermanos, y demás. El seguimiento es indispensable. Deben dejar saber que están pendientes y siempre disponibles.

Les incluimos las agencias de adopción en Puerto Rico que conocemos y sus enlaces electrónicos. Esperamos que esta información haya sido de provecho. No duden en dejarnos preguntas. Lo peor que puede pasar es que les digamos que juntos tendremos que buscar la contestación, y eso no es tan malo.

Departamento de la Familia

http://www.adfan.gobierno.pr/

  • Tel. (787) 523-2323

Hogar Cuna San Cristóbal

http://hogarcunasancristobal.com

  • Tel. (787) 747-9488 / (787) 286-0696
  • Fax (787) 744-1777
  • Dirección: PMB 428 HC      01 Box 29030 Caguas, PR 00725-8900
  • Email: hcsancristobal@gmail.com

La Casa Cuna San Juan

http://www.sanjuan.pr/familia/CasaCunaDeSanJuan.aspx

http://www.casacunadesanjuan.com/

Adoption Services of the Caribbean

www.adopcionpr.com

  • Sra. Sarah N. Santiago
    Directora
  • Tel. (939) 630-0372
  • E-mail: adopcionpr@gmail.com
  • Dirección Postal:  PO Box 6057 Mayagüez, PR, 00681
  • Email: adopcionpr@gmail.com

 

 

¿Pensando en adoptar?

Una de las decisión más importantes que tomamos mi esposo y yo fue adoptar. A través de ella Dios nos bendijo y nos honró con el milagro de nuestras hijas. Ahora, tomar esta decisión requirió de mucha oración y diálogo. Así es que antes de abordar temas sobre las gestiones y protocolos que conllevan la adopción, deseamos abordar un área que es igualmente importante a la gestión de por sí y es la decisión misma de adoptar: ¿Están realmente listos para adoptar?

Ciertamente, en una sociedad donde los medios sociales nos han saturado con noticias que abarcan todos los sabores y sinsabores de la adopción, la contestación a esta pregunta debe surgir del deseo genuino de la pareja y no de aquellos que nos rodean. No deseo ser malinterpretada, las opiniones de las personas a nuestro alrededor son importantes, pero no deben ser determinantes en la forma en que como parejas entendemos debemos ampliar nuestro núcleo familiar. Tomando esta última premisa como base, es nuestra intensión generar en ustedes una conversación profunda, madura y sincera sobre estos tres temas medulares:

  1. ¿Están listos para poner a un lado los tratamientos de fertilidad? Mi esposo y yo entendimos que no podíamos caminar dos rutas a la vez. No era emocionalmente estable ni beneficioso encaminarnos hacia la adopción y a su vez tener en nuestro pensamiento retomar tratamientos con nuestro infertólogo. Teníamos que elegir uno. Tenerlos a ambos solo provocaría falta de enfoque y un corazón dividido. Si ustedes se encuentran en este proceso, es importante contestarse si están dispuestos a hacer de la adopción la única alternativa o si está en su deseo hacer todo lo humanamente posible para concebir biológicamente. Si la respuesta es la segunda, entonces con mucha humildad y respeto les exhortamos a que pongan a un lado la opción de adoptar. El camino a la adopción requiere que la pareja se sienta 100% segura de que es la única opción, no la opción que queda. No puede ser un acto de desesperación. Con esto quiero decir que no debe haber remordimiento alguno una vez se llegue a la decisión de adoptar. Tampoco debe prevalecer el sentimiento de pérdida, resignación o fracaso, porque en la adopción se gana, no se pierde. Claro está, esto no es sinónimo de que en algún momento futuro a la gestión de adopción deseen retomar algún tratamiento de fertilidad. En nuestro caso, fui yo quien tuvo que analizar sobre este particular. Yo necesitaba estar segura de que no me quedaría con un sentimiento de vacío por el hecho de no haber tenido la capacidad de “parir” físicamente. Al contrario, debía continuar plenamente convencida de que Dios haría el milagro a Su Divina manera y no de la forma que yo había idealizado.
  2. ¿Cuál es el verdadero sentir que tienen sobre la adopción? Más allá de lo que opinen sus allegados, lo que realmente importa es lo que ustedes piensan. ¿Se sentirán igualmente padres de un niño o una niña que biológicamente no son suyos? Recuerdo que cuando mi esposo me dijo que él simplemente quería ser padre y que yo debía decidir si mi finalidad era parir o ser mamá, tardé casi un mes en contestarle a él y a mí misma. Cuando revalidé en mí la respuesta, no vacilé en darla: yo siempre quise ser madre. Yo no cargué en mi vientre a mis hijas, mi esposo no cortó cordón umbilical alguno, pero somos MAMÁ y PAPÁ con la misma validez que aquellos padres cuyos hijos cargan la mitad de sus genes. Cuando nosotros convocamos a nuestra familia, ya la decisión estaba tomada entre nosotros y nuestras dudas y temores referentes a la adopción estaban clarificados, pero aun así deseábamos saber cómo los nuestros se sentían al respecto y si recibirían a nuestro futuro hij@ con la misma expectativa y anhelo que nosotros: el milagro que Dios había prometido a nuestro hogar. Una vez aclaramos sus dudas, ellos nos respaldaron sin titubeo alguno y hoy día no imaginan sus vidas sin nuestros pequeños milagros de amor.
  3. ¿Están dispuestos a comenzar una nueva etapa de espera y de indagación de la privacidad? Las gestiones de la adopción conllevan un protocolo complicado y demandarán de la pareja paciencia, tolerancia, unidad y muchas técnicas de respiración. No importa la agencia o agencias con quienes deseen realizar sus gestiones, en TODAS hay un tiempo de espera. En TODAS se realizan entrevistas con diversos profesionales que tienen a su haber la labor de corroborar que sus intenciones de adoptar son genuinas y respaldadas por aquellos que les rodean (vecinos, familiares, compañeros de trabajo, etc.). Una y otra vez tendrán que repetir su historia de pareja, sus historias personales, sus complicaciones de no haber podido concebir biológicamente y si ese hecho tendrá alguna repercusión futura en la decisión de adoptar, en adición a otras cosas que luego detallaré. Por tanto, si los tratamientos de fertilidad trajeron fatiga y estrés en la espera, las gestiones de la adopción también traen sus propias fatigas, retos, incomodidades y esfuerzos emocionales, espirituales y económicos en la pareja.

Como hemos mencionado anteriormente, deseamos ser voz de esperanza y de dirección para aquellos que se encuentran considerando opciones como una vez nos encontramos nosotros. La diferencia es que mi esposo y yo no tuvimos quién nos hiciera estas preguntas, surgieron de la reflexión en medio de nuestros procesos de vida. Así es que, si al terminar de leer estas letras sienten la urgencia de dialogar y clarificar sus perspectivas sobre su deseo de adoptar, entonces misión cumplida. Dios estuvo presente en medio de las sacudidas más fuertes de las bases de nuestra fe, pero en medio de ese “terremoto de fe” afirmó nuestros pasos y el fruto de ello fue más de lo esperado. Confiamos que así será para ustedes.

¡Dios les bendiga!

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” – Jeremías 29:11

Noviembre, Mes de la Adopción

Noviembre es un mes muy importante para nosotros como familia. No sólo porque celebramos el Día de Acción de Gracias, sino porque Dios es tan maravilloso que dentro de nuestro espacio de agradecimiento, países como Puerto Rico, Estados Unidos, Colombia y otros nos unimos para celebrar el Mes de la Adopción.

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Durante este mes hacemos un alto para agradecer la labor ardua que realizan todos aquellos que trabajan en la gestión de la adopción. Si algo nos ha quedado claro a mi esposo y a mí es que aún siguen habiendo profesionales y seres humanos que tienen el genuino interés en ayudar a que familias sean formadas, corazones sean unidos y milagros de amor sean cumplidos en hogares que han anhelado tanto la llegada de un hij@(s). Nuestro hogar es fruto de ello.

Deseo ser portavoz no sólo de tan hermoso evento, sino voz de esperanza para aquellos que han pensado en la adopción como medio para alcanzar su sueño de ser familia pero que aún no han dado el paso. En la medida que sea posible quisiera ayudar a clarificar información, disipar temores, apoyar en los procesos de espera y celebrar noticias de milagros como el nuestro.

Por esta razón, estaré compartiendo diferentes posts educativos sobre los procesos de adopción y cómo mi esposo y yo pudimos enfrentar aquellos retos que se presentaron en nuestro camino a ser padres.

Si deseas que abunde sobre algún área particular dentro del proceso de adopción, escríbelo en el espacio de comentarios y con mucho gusto lo trabajaré.

Permita Dios que durante este mes Su Divina Sabiduría dirija tu toma de decisiones y si fuera el caso, cambie tu perspectiva sobre lo que es la adopción.

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Nuestro Parto de Amor

El parto de una mamá adoptiva

Por: Sasha Lugo 

“En ese mismo momento ella nos mira y nos dice: “Entonces, ¿quiéren conocer a sus hijas?” Acto seguido, se abre la puerta con las enfermeras que traen a dos ángeles llorando porque les habían despertado de su sueño y las colocan en nuestros brazos.(…) Como Dios es así de magnífico, ellas se calmaron tan pronto sintieron el calor corporal de su mamá y de su papá.”

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Corazón más que agradecido

Era de madrugada y mientras todos en casa dormían, yo me dedicaba a repasar en mi mente cada evento que nos trajo hasta ese momento: domingo, Día de las Madres. Mi primera celebración como MADRE. Cerré los ojos y visualizé nuestro encuentro de amor. Suspiré: “Gracias mi amado Señor” y me remonté a ese lunes inesperado cuando tomé a mis hijas en los brazos por primera vez. Aquello que se gestó en oración por el espacio de 10 años, Dios lo estaba honrando. La súplica que se elevó por una o uno, al Padre Celestial le plujo duplicarlo en unas hermosas niñas que tan pronto fueron puestas en nuestro brazos se quedaron dormidas escuchando los latidos de dos corazones agradecidos y llenos de amor.

Pensaba aún en los rostros de quienes nos acompañaron en todos los procesos de vida que nos condujeron a nuestras hijas. Rostros angelicales y fieles que lloraron en momentos difíciles, que se frustraron en momentos de incertidumbre y silencio, pero que también lloraron al sentirse bendecidos de ver la obra de Dios completada. Esos rostros tienen la marca de la fe en sus corazones y destilan fragancia de amor incondicional. La presencia de ellos en nuestras vidas son el complemento perfecto y la mayor seguridad de que el amor de Dios nos arropa a través de sus abrazos, consejos y compañía. No los tengo que nombrar, ellos saben quienes son.

Al rato de haber conciliado el sueño, tuve que volver a abrir los ojos: un galán de novelas, un rabito emocionado y dos hermosuras se acercaban a mí con las sonrisas más bellas en el universo dándome los buenos días y las primeras felicitaciones por mi día. ¡Qué visión del cielo! Eran mi esposo, mis hijas y mi adorada Lady. Mis chiquitas venían caminando: una cargaba su juguete y la otra una postal para mí. Me la “entregó” mostrando sus únicas mechas blancas y se fue otra vez. ¡Cuánto han crecido en tan poco tiempo!

Ese domingo celebré la presencia de mis pequeños milagros en mi hogar. Era lo apropiado, era lo necesario, era lo anhelado. Verlas crecer ha sido la mayor bendición brindada. Escucharlas decir mamá es irreal. Tanto tiempo esperando para escuchar a una personita decirme esa dulce palabra, y ahora son dos las que la pronuncian. Estrecharles los brazos para que se acurruquen al dormir es lo mejor que existe. Las dos caben en mi pecho a la vez. Asi de perfecto es Dios, nos hizo a la medida.

Aún no llevo un año como madre y siento que siempre han estado en casa. Acostumbrarme a ellas tomó un día, vivir sin ellas será imposible. Nuestra vida ha dado un cambio radical, hay nuevas risas, nuevas esperanzas y nuevos desafios que se enfrentan a diario. La amargura del pasado ha quedado atrás y sólo se recuerda para testificar que Dios es un Dios de milagros. Mis hijas no fueron gestadas en mi vientre, pero sí en la oracion y en el clamor de rodillas. La llama de nuestro amor fue encendida en cada cita médica, en cada obstáculo vencido, en cada puerta abierta y también en aquella que se cerraba, en cada lágrima derramada y en la fe certera de que Aquel que había prometido sería fiel en cumplir con Su palabra.

Ese domingo, mi primer Día de Madres, mi corazón más que agradecido elevó un nuevo cántico de alabanza. Cántico que aún ante su presencia continuará: “Dios, tú eres más que bueno y bondadoso. Mi vida entera te pertenece porque me has amado y porque en ti tengo vida nueva. Mis hijas llevan la marca de tu benevolencia y tu amor las unió de manera perfecta a mi amor. Soy madre por tu gracia. Ya no lamento el pasado porque Tú lo haces todo nuevo. Viviré para contar que esta pobre mujer clamó desde lo más profundo de su ser y Tú la escuchaste. Cambiaste sus vestidos de tristeza por ajuares de alegría incomparable. ¡Te amo Señor! Amén”.

Amén.

Manteniendo la cordura en tiempos de espera

Durante muchos eneros mi esposo y yo tratábamos de planificar cómo manejaríamos la ausencia de tener hijos y qué cosas podríamos realizar para despejarnos un poco la mente y alimentar nuestra vida como matrimonio. Para una pareja estéril, cada cambio de año marca la esperanza para un nuevo comienzo. Edgar y yo experimentamos que pueden haber muchos libros que hablen sobre la esterilidad y cómo manejarla, pero no es lo mismo escucharlo de personas que hayan pasado por situaciones similares a las tuyas y hayan puesto en práctica el “fabuloso” ejercicio de cómo mantener la compostura, cordura y sanidad mental/espiritual ante un escenario tan desafiante como lo es la infertilidad.

Así es que, Edgar y yo deseamos compartir aquello que pusimos en práctica durante estos pasados 10 años. Unas las leímos y algunas fueron recomendadas por nuestra psicóloga. Otras, las aprendimos con los desaciertos de la vida y con ello deseamos ser de aliento para toda pareja que se encuentra en proceso de espera, ya sea para continuar tratamientos médicos o en la espera de que esa hermosa llamada telefónica llegue anunciando que han de conocer su milagro de amor:

1) Mantener el amor encendido. Puede sonar muy simplista, pero una pareja pasando por esterilidad pierde con facilidad la llama del amor. Todo se convierte en citas médicas, rutinas y hay una enorme invasión a la privacidad y a la intimidad. Se deben buscar los espacios para reconectar el amor y recordar aquello que les llevó a unir sus vidas: desear estar el uno con el otro hasta que la muerte les separe. Así es que, si entendemos que calendarizar las citas médicas y/o con las agencias de adopción es importante, con mayor prioridad debemos sacar espacios a solas con nuestras parejas.

2) PAUSAS. Si algo Edgar y yo tuvimos que hacer fueron muchas pausas. Los tratamientos son drenantes y consumen tu mente, cuerpo y hasta tu psiquis. Aún los procesos mismos de la adopción son agotadores y ni mencionar lo que puede provocar el espacio de la espera. Es necesario que respiren. De lo contrario la obsesión tomará control de ustedes y el ampliar la familia dejará de ser un anhelo y se convertirá en una demanda.

3) Compartan lo necesario. Es importante rodearse de personas que sean fuente de apoyo. Pero si algo Edgar y yo aprendimos en el camino es que no todos entienden y pocos se comprometen a entender. Sin duda alguna, nuestras familias son sumamente necesarias para todos y en ocasiones sus formas de ver la vida toman influencia sobre nuestras decisiones. No obstante, es poco saludable tener que justificar nuestras decisiones de reproducción ante los demás. Las decisiones más importantes se tienen que tomar con nuestras parejas, porque ellos vivirán y compartirán nuestros aciertos y desaciertos. Con esto les quiero decir que el proceso de adopción y de tratamiento de fertilidad provoca suficientes tensiones, ansiedades y sensibilidades como para agregar factores externos como lo pueden ser comentarios de conocidos/familiares “bien intencionados”, pero cuyas palabras carecieron de tacto o empatía. iY cuánta falta hacen esos dos elementos! Mantengan a los necesarios cerquita de ustedes y permitan que el resto se vaya enterando a medida que las situaciones progresen de forma positiva.

4) DIALOGUEN. También suena “cursi”, pero la realidad es que para mantener la sanidad emocional/mental/espiritual debemos mantener a nuestra pareja al tanto de cómo nos sentimos y tomar decisiones en consenso. La esterilidad afecta a la pareja completa, no solo a la parte directamente afectada. Eso toma tiempo en aceptar y entender. Dialogar sobre aquello que se espera y aún sobre aquello que duele, es sanador para la pareja. A mí me costó mucho hablar de mis sentimientos con mi esposo. Levanté una barrera protectora. Pensaba que si no lo hablaba no me dolería tanto. ¡Que equivocación más grande! En nuestro caso, cuando ambos nos sentamos y derramamos nuestras penas, dudas, frustraciones, deseos y anhelos pudimos trazar metas en común y caminar juntos.

5) Busquen ayuda profesional. Las parejas que enfrentamos infertilidad necesitamos los foros adecuados para canalizar nuestras emociones. Ese foro puede ser con tu ministro, consejero(a) o un psicólogo(a). Buscar ayuda profesional no quiere decir que hay algo mal en nuestra mente o que hayamos perdido nuestra fe en Dios. Simplemente implica que hay un reconocimiento de que necesitamos nuevas herramientas emocionales/espirituales para enfrentar los retos presentes. Edgar y yo lo hicimos, nuestros pastores y nuestra psicóloga fueron una gran fuente de apoyo para nosotros. La espera desespera y lo menos que deseamos es perder la comunicación con nuestra pareja en la mitad del camino. Edgar y yo deseábamos tener una familia saludable, no perfecta.

6) LLOREN. El tiempo nos enseñó que las lágrimas no son sinónimo de derrota. Tampoco significan que haya ausencia de carácter. Nosotros nos dimos la oportunidad de derramar lágrimas cuando las noticias en el doctor no eran las adecuadas, cuando las pruebas de embarazo caseras y de sangre decían que no, cuando por la endometriosis tuvieron que remover mis trompas de Falopio, cuando tomamos la decisión de hacer el tratamiento in-vitro, cuando el banco nos aprobó el préstamo para hacer el in-vitro, cuando en las citas del tratamiento nos decían que todo marchaba bien, cuando perdimos el in-vitro, cuando tomamos la decisión de ampliar la familia por medio de la adopción, cuando nos llamaron para dejarnos saber que el estudio social había sido favorable y definitivamente lloramos cuando pusieron a nuestras hijas en nuestros brazos. El llorar juntos nos unió y nos fortaleció.

De seguro, podría escribirles otro tipo de recomendaciones, pero la realidad es que estas seis fueron vitales para nosotros. Y aún lo continúan siendo. Demás está decirles que en nosotros siempre tienen una mano amiga que por sobre todas estas palabras les recomienda que perezca todo menos la fe. Dios siempre está presente y se interesa por nuestros proyectos de vida.

iFeliz nuevo comienzo!

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. Isaías 26: 3

Diciembre

El mes de diciembre siempre ha sido uno controversial. Por un lado, tenemos una inmensa de cantidad de personas que lo utilizan para hacer un conteo regresivo abrazando la esperanza de un nuevo comienzo y nuevas metas por alcanzar. Por otro lado, también encontramos personas que conmemoran durante el mes de diciembre el aniversario de aquello que se ha perdido, aquello que ha sido difícil superar o hasta el recordatorio de que aún no ha llegado ese tan esperado anhelo que se lleva en el corazón. Yo he sabido estar en ambos lados.

Tan reciente como diciembre de 2010, mi esposo y yo conmemorábamos el cierre de otro año más sin poder ser padres. No hubo árbol navideño, muy pocas decoraciones, no nos sentamos a vislumbrar de qué manera interesante recibiríamos el nuevo año ya que la única expectativa para el 2011 era no llorar más…nuestro tiempo fue ocupado por el lamento de que por 10mo año consecutivo no teníamos aquello que ansiábamos demasiado. Olvidamos el verdadero significado del mes de diciembre. Continue reading

“Hija eres, madre serás”

Desde que las chicas somos pequeñas en edad, solemos escuchar a nuestras madres decirnos: “Hija eres, madre serás”. Mi mamá me lo decía cada vez que cometía una travesura con mi hermana menor. Niña al fin, yo no tenía la más mínima idea de lo que ese refrán quería decir. De adolescente pensé que esas palabras se referían a que todas las travesuras que yo hice de pequeña con mi hermana las pagaría cuando tuviera mis propios hijos porque ellos me harían las mismas y hasta peores. Se podrán imaginar el pánico que eso me causó…mi hermana menor y yo fuimos muy “creativas”.

Desde mi temprana adultez he podido experimentar dos dimensiones diferentes de este refrán. Primero, validez. Segundo, anhelo. Verán, las decisiones más difíciles que tomó mi mamá cuando yo apenas era una joven de 17 años, las puedo comprender ahora y más que comprenderlas, las puedo respetar y validar. La maternidad es una hermosa bendición que conlleva sacrificios y en múltiples ocasiones anteponer las necesidades de los tuyos a las propias. Las normas, los valores, las caricias, el amor inagotable, la visión del futuro, la calidad del tiempo familiar, las reprensiones, el énfasis en la excelencia…todo cobra sentido cuando lo miras desde el ojo de la madre que desea lo mejor para sus hijos. Lo curioso es que yo validé la dimensión de la madre desde la óptica de la hija, porque madre se me era imposible ser.

Desde mis 21 años, comencé a experimentar una segunda dimensión del dicho popular: anhelo. Tuve un deseo ardiente porque el refrán que me decía tanto mi madre fuese una realidad en mi vida y en la de mi esposo. La endometriosis llegó a hacer morada en mi sistema reproductor y aún 10 años después, sigue estando aquí. “Hija eres, madre serás”, ¡cuánto deseaba que alguien me llamara mamá! Lastimosamente, esta condición me alejaba cada mes y cada año de la petición más grade que teníamos presentada ante Dios: ser padres.

Luego de años de pruebas, operaciones, visitas a los especialistas y tratamientos infructíferos mi cuerpo y mi mente no podían más. Ya la herida había sangrado demasiado, subsistía con los fragmentos de quien una vez fui, la falta de comunicación laceró mi matrimonio y mi autoestima no existía porque yo misma la había reducido por no tener la capacidad de darnos a mi esposo y a mí los hijos que tanto deseábamos.

¿Por qué no puedo ser madre? ¿No se supone que esto sea algo “natural” dentro de un matrimonio? ¿Cómo se puede amar tanto a quien nunca has visto? ¿Cómo controlar los deseos de abrazar a alguien que no sabes si llegará a estar en tus brazos? ¿Cómo se deja de amar tanto la vida de un hijo que eres incapaz de dar? Preguntas que en ese momento no me eran posibles contestar.

Lo gravoso de todo fue que por encima de mi crisis existencial, la endometriosis también atentó contra las bases de fe más profundas que tenía y en muchos espacios dominaron la soledad auto-infligida y prevalecieron las dudas: ¿Hasta qué punto puedo creer en la promesa de Dios de que mi esposo y yo seremos padres? ¿Estará Dios atento a mi clamor? ¿Por qué me siento tan olvidada? ¿Valdrá la pena seguir luchando por algo que tal vez no está para nosotros? ¿Por qué cada vez que me acerco a ti en clamor y siento que abres una puerta termino perdiendo? ¿Qué mueve tu corazón? ¿Dónde se alinean la fe y tu divina voluntad? ¿Cómo mantengo la compostura frente a una iglesia que ve mi vida como modelo a seguir? ¿Con qué valor le predico a una iglesia sobre Tu fidelidad a lo que has prometido cuando aún el milagro no ha llegado a mi hogar? Si yo no tengo la capacidad de dar vida, ¿estará tu Espíritu en mí? Ante un panorama como este… ¿puede haber luz al final del camino? ¿Pueden las circunstancias de la vida corromper la esencia del anhelo?

Aún en medio de toda esta confusión que les acabo de redactar, prevaleció la pasión ardiente de que quien busca halla, quien se mantiene, aunque sea cojeando, prevalece. Mi esposo y yo prevalecimos porque Dios tenía una plan perfecto para nosotros, más excelente del que nosotros pudimos haber contemplado. Había una llama que Él mismo había encendido en mí: “…madre serás”.

Así es que mi esposo y yo tomamos unas vacaciones forzadas y nos detuvimos a pensar sobre el porvenir y en un diálogo decisivo mi esposo me preguntó: “¿Qué tú deseas realmente? ¿Dar a luz o ser mamá? Yo me he preguntado lo mismo en muchas ocasiones durante todos estos años y he llegado a la conclusión de que quiero ser padre. No importa la forma, quiero ser papá”. A través de la firme convicción de Edgar, Dios me puso a reflexionar. ¿Cuál era mi anhelo? Al igual que mi esposo, yo quería ser mamá. La decisión siguiente fue la más sencilla que tomamos, pero fue aquella que trajo mayor unidad en mi casa, trajo paz, y por encima de eso trajo la esencia de lo que la endometriosis había quitado: amor renovado y una nueva ilusión. Ampliaríamos nuestra familia a través de la adopción.

Luego de pasar sobre 7 meses realizando las gestiones necesarias, nos tocó una etapa que mi esposo y yo conocíamos a perfección: esperar. Esta espera fue diferente, fue una activa. Convocamos a nuestra familia inmediata para que nos acompañara en oración. “Hija eres, madre serás”. Ese era el nuevo motor que nos movía. Como todo proceso, la espera desespera. Pasaron casi dos años y no habíamos escuchado respuesta alguna. El desánimo estaba empezando a tocar a la puerta.

Le pedía a Dios en secreto que me permitiera el privilegio de por lo menos convertirme en madre a mis 30 años. Edad a la que estaba reacia llegar. Si no que nos diera el hermoso regalo de recibir la tan esperada llamada para fechas significativas como el cumpleaños de Edgar, el Día de Madres, o el Día de Padres. Pasaron dos ciclos de estas fechas. Pasaron mis 30 y llegaron mis 31 años. ¡Uff! ¡Qué fuerte! El balde de agua fría había sido vertido sobre nosotros.

Justo cuando estábamos en plena reestructuración de nuestros proyectos de vida, el milagro llego a nuestro hogar. ¡Recibimos la llamada! Las lágrimas no dejaban de caer de nuestros rostros, y aun hoy no dejo de llorar de gratitud por la obra de Dios. Cuando pusieron a nuestras hijas en nuestros brazos las piezas del rompecabezas fueron cayendo en su lugar: los 10 años de espera, cada tratamiento, cada puerta que se cerró, cada lágrima, cada operación, cada dolor, cada búsqueda, cada plegaria…todo cobró sentido. El camino trazado nos llevó a nuestras hijas…éste siempre fue el diseño de Dios. A tiempo y perfecto. “Hija eres, madre serás”.

Hoy podemos mirar hacia atrás sin huellas de amargura…nuestro sueño era ser padres…ese era el milagro por el que orábamos. La fidelidad y el amor de Dios trajeron a nuestras hijas a casa. Él vio nuestro anhelo y lo armonizó con la necesidad de ellas de llegar a su hogar. ¡Gloria a Dios! Nuestras hijas ya han comenzado a conocer que son el mayor regalo de amor que hemos recibido y que viviremos para testificarlo donde quiera que vayamos.